Algunas evidencias de la neurobiología del trastorno por atracón

El TPA puede conceptualizarse como un trastorno impulsivo/compulsivo, que, entre otros síntomas, presenta la alteración de la sensibilidad a la recompensa y sesgos atencionales relacionados con la comida (Hudson et al., 2007)

Los estudios de neuroimagen en humanos con TPA muestran que existen alteraciones del circuito corticoestriatal (Kessler et al., 2016), que son similares a las observadas en el abuso de sustancias adictivas, incluyendo la alteración de la función de las cortezas prefrontal, insular, orbitofrontal y del estriado ventral (principalmente en el núcleo accumbens, NAc), un factor que genera alteraciones neuronales y cognitivas.

Activación cerebral ante la visualización de alimentos con alto contenido calórico en pacientes con trastorno por atracón (BED), pacientes bulímicos (BN), sujetos sanos con peso normal (C-NW) y sujetos sanos con sobrepeso (C-OW). Se muestran cortes axiales para mostrar la activación de la corteza orbitofrontal (A), el estriado ventral (B) y la corteza cingulada anterior (C).

Estudios en roedores sugieren que en los sujetos experimentales con conducta tipo atracón inducida hay cambios en las redes de neurotransmisores en áreas mesolímbicas, incluyendo los sistemas dopaminérgicos (Unterwald et al., 2001), opioide (Colantuoni et al., 2001; Boggiano et al., 2005) y cannabinoide (Satta et al., 2018). Aunado a lo anterior, diversos estudios han descrito algunos de los mecanismos dopaminérgicos centrales implicados en los aspectos motivacionales de la alimentación y en la conducta de atracón. Tal es el caso de los reportes donde se muestra que las drogas de abuso pueden alterar la expresión y función de los receptores dopaminérgicos y la liberación de dopamina en las regiones mesolímbicas del cerebro (Unterwald et al., 2001) de manera similar a los observados en modelos animales de adicción al azúcar (Avena & Hoebel, 2003), ocasionando alteraciones neuroquímicas relacionadas con el efecto de la dopamina extracelular en el Nucleo Acumbens o estriado ventral. Estudios de autorradiografía (Figura 2) revelan un aumento en la expresión de los receptores D1 y Mu-1 opioides, así como la disminución de los receptores D2 en el estriado ventral de ratas con acceso intermitente a la sacarosa (Colantuoni et al., 2001), hallazgos que apoyan la idea de que la transmisión dopaminérgica alterada es uno de los principales factores neurobiológicos que explican la alta comorbilidad en pacientes con TPA similar a la administración repetida de anfetaminas.


            

               

Estudios de Binding en modelo de roedores con trantorno de conducta del tipo atracón donde se observa un incremento en la expresión de receptores D1 y Mu-1 a opiodes mientras que los receptores D2 disminuyen significativamente en áreas mesolímbicas

 

La localización de los CB1R en el sistema corticolímbico es consistente con la propuesta del papel de esos receptores en la regulación de los circuitos de recompensa. Se ha demostrado que las concentraciones plasmáticas de AEA y 2-AG aumentan en los pacientes obesos (Jager & Witkamp, 2014), además de que la cantidad de dopamina extracelular en el NAc también se encuentra alterada en estos pacientes (Solinas, Justinova, Goldberg & Tanda, 2006). Lo anterior en su conjunto podría contribuir con la fisiopatología de la alimentación compulsiva y los trastornos relacionados que pueden implicar cambios desadaptativos en la motivación, la recompensa y la plasticidad neuronal (Sagheddu et al., 2015). Los receptores CB1 contribuyen con la regulación tanto de la alimentación homeostática como de la conducta alimentaria compulsiva, como se ha mostrado en experimentos donde bloquean la función de los CB1R con antagonistas (AM 251 y Rimonabant) y observan disminución significativa en la ingesta de alimentos palatables y del peso corporal en roedores (Rasmussen et al., 2012; Dore et al., 2014). Sin embargo, el Rimonabant fue el único antagonista de los CB1R que se aprobó para su uso en humanos, pero fue retirado del mercado debido a sus serios efectos secundarios psiquiátricos en sujetos obesos (Scheen et al., 2006).



Los receptores CB1 contribuyen con la regulación tanto de la alimentación homeostática como de la conducta alimentaria compulsiva, como se ha mostrado en experimentos donde bloquean la función de los CB1R con antagonistas (AM 251 y Rimonabant) y observan disminución significativa en la ingesta de alimentos palatables a la primera, tercera, sexta y a las 24 horas además del peso corporal en roedores

Considerando en conjunto la evidencia anteriormente expuesta, es posible sugerir que la dopamina y los endocannabinoides están críticamente involucrados en la modulación del procesamiento de las propiedades reforzantes y de aumento de la motivación de estímulos como los alimentos hipercalóricos y de alta palatabilidad. De tal forma varios estudios se centran en el papel del sistema de los endocannabinoides en el mantenimiento de las conductas que favorecen la ganancia excesiva de peso, particularmente la conducta tipo atracón inducida y en la motivación por el alimento palatable.


Bibliografía.

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Boggiano, MM., Chandler, PC., Viana, JB., Oswald, KD., Maldonado, CR & Wauford, PK. (2005). Combined dieting and stress evoke exaggerated responses to opioids in bingeeating rats. Behavioral Neuroscience. 119:1207–14

Colantuoni, C., Schwenker, J., McCarthy, J., Rada, P., Ladenheim, B & Cadet, JL. (2001). Excessive sugar intake alters binding to dopamine and mu-opioid receptors in the brain. Neuroreport. 12:3549–52

Dore, R., Valenza, M., Wang, X., Rice, K. C., Sabino, V., & Cottone, P. (2014). The inverse agonist of CB1 receptor SR 141716 blocks compulsive eating of palatable food. Addiction Biology, 19(5), 849-861.

Goldschmidt, AB., Le Grange, D., Powers, P., Crow, SJ., Hill, LL., Peterson, CB & Mitchell, JE. (2011). Eating disorder symptomatology in normal-weight vs. obese individuals with binge-eating disorder. Obesity. 19, 1515-1518.

Hudson, J. I., Hiripi, E., Pope, H. G., Jr & Kessler, R. C. (2007). The prevalence and correlates of eating disorders in the National Comorbidity Survey Replication. Biol. Psychiatry. 61, 348-358

Jager, G., & Witkamp, R. F. (2014). The endocannabinoid system and appetite: relevance for food reward. Nutrition Research Reviews, 27(1), 172-185.

Kessler, RM., Hutson, PH., Herman, BK., & Marc, N. (2016). The Neurobiological Basis of Binge-Eating Disorder. Neuroscience and Biobehavioral Reviews, 0149-7634(15)30254-2.

Rasmussen, EB., Reilly, W., Buckley, J., & Boomhower, SR. (2012). Rimonabant reduces the essential value of food in the genetically obese Zucker rat: an exponential demand analysis. Physiology & Behavior, 105(3), 734-741.

Satta, V,. Scherma, M., Piscitelli, F., Usai, P., Castelli, MP., Bisogno, T., Fratta, W & Fadda, P. (2018). Limited Access to a High Fat Diet Alters Endocannabinoid Tone in Female Rats. Frontiers in Neuroscience. 12:40.

Sagheddu, C., Muntoni, A. L., Pistis, M., & Melis, M. (2015). Endocannabinoid signaling in motivation, reward, and addiction: influences on   mesocorticolimbic   dopamine function. International Review of Neurobiology, 125, 257-302.

Scheen, A. J., Finer, N., Hollander, P., Jensen, M. D., Van Gaal, L. F., & RIO-Diabetes Study Group. (2006). Efficacy and tolerability of rimonabant in overweight or obese patients with type 2 diabetes: a randomised controlled study. The Lancet, 368(9548), 1660-1672.

Solinas, M., Justinova, Z., Goldberg, S. R., & Tanda, G. (2006). Anandamide administration alone and after inhibition of fatty acid amide hydrolase (FAAH) increases dopamine levels in the nucleus accumbens shell in rats. Journal of Neurochemistry, 98(2), 408-419.

Unterwald, EM., Kreek, MJ & Cuntapay, M. (2001). The frequency of cocaine administration impacts cocaine-induced receptor alterations. Brain Research. 900:103–9.

 

 

 

 

 

 

 



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